Tenía pensado hacer una única entrada para explicaros cómo he hecho la pieza clave, el sillón del dentista, pero como es realmente complejo finalmente voy a dividirlo para evitar una entrada pesada, compleja, sobre todo, excesivamente larga. Así pues, vamos por partes.
Hoy os cuento la parte principal, el sillón propiamente dicho.
El color, azul, como es el de la clínica en la que trabajo y que ya conocéis sobradamente. Me costó encontrar el tono y la piel para tapizarlo; finalmente, una cartera fue mi salvación... ¡estuve buscando casi un mes como una loca!.
Empezamos entonces. Primero, cortamos en la madera cada una de las piezas, dos veces cada una. La parte correspondiente al asiento las unimos para darles la angulación adecuada (yo he utilizado un poco de papel para reforzar la unión).
A continuación, preparamos la piel.
Colocamos guata para crear el efecto almohadillado que buscamos. ¡Un poco de comodidad en este sillón tan poco deseado es de agradeder!.
Una vez tapizadas cada una de las partes que componen el sillón, las pegamos a las maderas que teníamos duplicadas y que ya hemos pintado del color adecuado.
La base sobre la que se apoya también está fabricada en madera.
Unimos todas las partes utilizando metacrilato. Cuidado al colocarlo, no admite rectificaciones una vez pegado.
Ya tenemos el cuerpo principal de nuestro sillón.
Aún le queda mucho para estar terminado, pero tenéis que darme algún tiempo... ¡prometo volver prontito!
Mientras tanto ¡féliz viernes!